Durante los 3 dìas que estuve en cama, fundamentalmente hice 2 cosas: dormì mucho y, tambièn, leì mucho. Yo tengo una especie de bibliotequita muy desordenada; tan desordenada es que a veces me parece que muchos de los libros que estàn allì no son mìos; bueno, èso tambièn es culpa del Nene; a èl tambièn le gusta leer bastante y està acostumbrado de chiquito a mezclar todo; trae libros, se los lleva, trae algunos de èl o que le prestaron, lo cierto es que siempre parece tener vida èsta pequeña biblioteca mìa, nuestra…Creo que mamà nos inculcò el amor por la lectura a todos; ella de jovencita apenas sabìa leer, pero era tan grande su amor por conocer todo lo que la rodeaba que, a fuerza de leer todo lo que cayera en sus manos, fue aprendiendo, y màs que èso, fue aprendiendo con nosotras, ella fue al colegio, a travès nuestro. Nos esperaba con una alegrìa que muy pocas veces despuès, en la vida, pude observar. Querìa que le dijèramos todo todo lo que habìamos aprendido èse dìa, y se ponìa al lado nuestro y hasta que ella no lo entendìa, no paraba. Claro, tuvo una ventaja, hizo el colegio 2 veces, con nosotras. De mamà aprendì que no hay que despreciar nada, que de cada cosa por màs tonta que parezca, algùn provecho se puede sacar; y si no era asì, ella decìa, que no habìamos aprendido lo suficiente como paras darnos cuenta…Le encantaba llevarnos al centro los sàbados por la tarde y se la pasaba en las Librerìas de Corrientes buscando saldos: “la gente no tiene idea de las joyas que se pueden encontrar acà por una pocas monedas…” Le tengo un especial cariño a un librito que mamà guardaba con especial recelo porque èse librito, justamente èse no fue un saldo, es una primera ediciòn del año 1954 de Editorial Aguilar: “El Banquete” de Platòn; sì no se sorprendan, mamà leìa tanto a Platòn como a Corìn Tellado, no le preocupaban los motes ni las modas; para ella el libro mismo, como objeto, ya era algo muy preciado; se enojaba muchìsimo si alguien se atrevìa a forrarlos: “es un sacrilegio…” gritaba sabiendo que exageraba; èso sì ella subrayaba y hacìa anotaciones y los releìa mil veces, casi siempre varios a la vez…
Como ustedes saben estuve acordàndome de las personas a quienes amè de verdad, del amor en pareja, pero la pregunta siempre vuelve; siempre estamos en deuda con la respuesta; siempre vuelvo al “Banquete” como mamà porque, quizà, Platòn encontrò la soluciòn; tal vez la respuesta estè en la pregunta…
“—¿A qué padres debe su nacimiento (el AMOR)? pregunté a Diotima.
—Voy a decírtelo, respondió ella, aunque la historia es larga.
Cuando el nacimiento de Venus, hubo entre los dioses un gran festín, en el que se encontraba, entre otros, Poros hijo de Metis. Después de la comida, Penia se puso a la puerta, para mendigar algunos desperdicios. En este momento, Poros, embriagado con el néctar (porque aún no se hacia uso del vino), salió de la sala, y entró en el jardín de Júpiter, donde el sueño no tardó en cerrar sus cargados ojos. entonces, Penia, estrechada por su estado de penuria, se propuso tener un hijo de Poros. fue a acostarse con él, y se hizo madre del Amor. Por esta razón el Amor se hizo el compañero y servidor de Venus, porque fue concebido el mismo día en que ella nació; además de que el Amor ama naturalmente la belleza y Venus es bella. Y ahora, como hijo de Poros y de Penia, he aquí cuál fue su herencia. Por una parte es siempre pobre, y lejos de ser bello y delicado, como se cree generalmente, es flaco, desaseado, sin calzado, sin domicilio, sin más lecho que la tierra, sin tener con qué cubrirse, durmiendo a la luna, junto a las puertas o en las calles; en fin, lo mismo que su madre, está siempre peleando con la miseria. Pero, por otra parte, según el natural de su padre, siempre está a la pista de lo que es bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, cazador hábil; ansioso de saber, siempre maquinando algún artificio, aprendiendo con facilidad, filosofando sin cesar; encantador, mágico, sofista. Por naturaleza no es ni mortal ni inmortal, pero en un mismo día aparece floreciente y lleno de vida, mientras está, en la abundancia, y después se extingue para volver a revivir, a causa de la naturaleza paterna. Todo lo que adquiere lo disipa sin cesar, de suerte que nunca es rico ni pobre. Ocupa un término medio entre la sabiduría y la ignorancia, porque ningún dios filosofa, ni desea hacerse sabio, puesto que la sabiduría es aneja a la naturaleza divina, y en general el que es sabio no filosofa. Lo mismo sucede con los ignorantes; ninguno de ellos filosofa, ni desea hacerse sabio, porque la ignorancia produce precisamente el pésimo efecto de persuadir a los que no son bellos, ni buenos, ni sabios, de que poseen estas cualidades; porque ninguno desea las cosas de que se cree provisto”
—Pero, Diotima, ¿quiénes son los que filosofan, si no son ni los sabios, ni los ignorantes?
—Hasta los niños saben, dijo ella, que son los que ocupan un término medio entre los ignorantes y los sabios, y el Amor es de este número. La sabiduría es una de las cosas más bellas del mundo, y como el Amor ama lo que es bello, es preciso concluir que el Amor es amante de la sabiduría, es decir, filósofo; y como tal se halla en un medio entre el sabio y el ignorante. A su nacimiento lo debe, porque es hijo de un padre sabio y rico, y de una madre que no es ni rica ni sabia. Tal es, mi querido Sócrates, la naturaleza de este demonio. En cuanto a la idea que tú te formabas, no es extraño que te haya ocurrido, porque creías, por lo que pude conjeturar en vista de tus palabras, que el Amor es lo que es amado y no lo que ama. he aquí, a mi parecer, por qué el Amor te parecía muy bello, porque lo amable es la belleza real, la gracia, la perfección y el soberano bien. Pero lo que ama es de otra naturaleza distinta como acabo de explicar.
—Y bien, sea así, extranjera; razonas muy bien, pero el Amor, siendo como tú acabas de decir, ¿de qué utilidad es para los hombres?
—Precisamente eso es, Sócrates, lo que ahora quiero enseñarte. Conocemos la naturaleza y el origen del Amor; es como tú dices el amor a lo bello. Pero si alguno nos preguntase: ¿qué es el amor a lo bello, Sócrates y Diotima, o hablando con mayor claridad, el que ama lo bello a qué aspira?
—A poseerlo, respondí yo.
—Esta respuesta reclama una nueva pregunta, dijo Diotima; ¿qué le resultará de poseer lo bello?
—Respondí, que no me era posible contestar inmediatamente a esta pregunta.
—Pero, replicó ella, si se cambiase el término, y poniendo lo bueno en lugar de lo bello te preguntase: Sócrates, el que ama lo bueno, ¿á qué aspira?
—A poseerlo.
—¿Y qué le resultaría de poseerlo?
—Encuentro ahora más fácil la respuesta; se hará dichoso.
—Porque creyendo las cosas buenas, es como los seres dichosos son dichosos, y no hay necesidad de preguntar porqué el que quiere ser dichoso quiere serlo; tu respuesta me parece satisfacer a todo.
—Es cierto, Diotima.
—Pero piensas que este amor y esta voluntad sean comunes a todos los hombres, y que todos quieran siempre tener lo que es bueno; ¿o eres tú de otra opinión?
—No, creo que todos tienen este amor y esta voluntad.
—¿Por qué entonces, Sócrates, no decimos que todos los hombres aman, puesto que aman todos y siempre la misma cosa?, ¿por qué lo decimos de los unos y no de los otros?
—Es esa una cosa que me sorprende también.
—Pues no te sorprendas; distinguimos una especie particular de amor, y le llamamos amor, usando del nombre que corresponde a todo el género; mientras que para las demás especies, empleamos términos diferentes…”
Un bellìsimo pàrrafo que esconde una intenciòn, la de mostrar que no hay que temerle a los clàsicos; mamà siempre nos decìa: “mirà nena, si no lo entendès del todo, probà despuès, o cuando crezcas…aunque no lo sepas, ellos ya sembraron, sòlo hay que esperar el tiempo de la cosecha…”
Viernes 25 de enero de 2008: Acuario / Año del Chancho
Santoral: La Conversiòn de San Pablo
Nacimientos: 1874, William Somerset Maugham; 1882, Virginia Woolf; 1927, Antonio Carlos Jobim
Dìa: 1569, La Inquisiciòn se establece para las Colonias de America
Clima: templado, algo nublado, pesado, ventoso