El sueño americano
-Good morning Mr. González-
-Good morning Jack-
El negro Jack desde hacía tiempo lo saludaba distinto. El lo notó, “las noticias corren más que los ascensores”…Antes de llegar a su piso, repitió con desgano varias veces el “good morning” Lo incomodaba tener que esperar por los controles de la Vigilancia. Después del atentado se habían triplicado las medidas de seguridad “…van a meter una bomba si son brujos!” Los Yanquis no son como nosotros (dibujó una sonrisa pensando que pronto podría decir ellos) que tropezamos mil veces con la misma piedra. A ellos (nosotros) jamás le pasaba dos veces. Aunque, internamente, se revelaba contra los controles, pensando en americano, se convenció que era por el bien de todos “aquí sí que los impuestos vuelven al pueblo!…”
El negro Jack por fin le había mostrado ambas hileras, nunca había visto nada tan parejo y derechito, de un blanco inmaculado, digno de un comercial de Odol. William Thompson se lo había anticipado: “When Jack shows you the teeth, you will be very close…” nunca lo tomó muy en serio pero la señal lo satisfizo. Había llegado temprano, decidió pasar por la oficina camino al JFK; antes del mediodía tenía que volar a Kuala Lumpur. Juan González estaba por alcanzar la cima, tan sólo restaba el asalto final…Llegó al piso 80° exactamente a las 8.13 am. Jack no se sorprendió al verlo aparecer a una hora tan desusada, “con seguridad Mary ya había llegado…” pensó a poco de entrar en la recepción de la Compañía. Ensayó un último “good morning” se recriminó la dicción, le pareció poco americano, no se podía permitir ésas flaquezas…La empresa, su empresa ocupaba tres pisos completos…Mary lo esperaba impecable, como siempre; él la había llamado la noche anterior, su excusa fue un informe que necesitaba llevar a Malasia…Tenía tres secretarias a su disposición, un operador de su nivel no podía pretender menos, Lucy viajaría con él, Betty, la más capaz de las tres, se había anticipado unos días para preparar la agenda. Mary había resultado ser la más dura, la tenía en remojo, no era cuestión de apurarse “éstas minas te encajan una demanda por acoso si las mirás torcido” Tenía que cuidarse tanto como ellas comprender que él tenía la llave; él, Juan González era la aduana por la que tenían que pasar si querían ascender en la empresa. Lucy y Betty lo comprendieron enseguida, Mary no se daba por enterada. Se sorprendía riéndose sólo, asociándolas con el tango de Carlitos, faltaba una para completar la cuarteta rubia: deliciosas criaturas perfumadas…A él le gustaba Mary, era lejos la más linda de las tres; como dirían en el barrio, estaba caliente con Mary…Hacía diez años que había llegado, con el título de Contador Público bajo el brazo para hacer un post-grado con sólo 2.500 dólares en el bolsillo, se había roto el culo estudiando, laburando de lavacopas, de cadete, de cualquier cosa, lo importante era llegar, se sentía orgulloso por todo lo que había logrado en tan poco tiempo…Mary entendió que era su última oportunidad. La saludó fríamente y se metió en su despacho. Como solía hacer, antes de sentarse, contempló la bahía, le encantaba la vista, los barcos se veían como si fueran de juguete, el mundo a sus pies parecía de juguete “si me vieran los pibes del barrio…” apartó con fastidio el sentimiento pueblerino, se dijo que tenía que olvidarse del pasado, el era Juan González que joder!!! Las pantallas que nunca descansaban lo informaron de los últimos movimientos en los mercados asiáticos. Era el niño mimado de Wall Street; sí!!! él, un sudaca, Juan González, un sudaca de Mataderos estaba por transformarse en uno de los amos del universo!!! Un par de llamadas, poner en juego un poco de su tan famosa intuición y sus clientes corporativos empezarían la semana con unos cuantos millones más en sus abultadas cuentas; ése era él, gozaba con lo que hacía, lo hacía sentir vivo, al principio hasta sintió remordimientos, luego aprendió a desecharlos, después de todo es preferible ser cagador a cagado. Por más de treinta años había militado en las huestes de la segunda categoría, con los primeros diez millones tendría tiempo de pensar en los demás, como Bill Gates, por ahora se sentía cómodo cagando a los otros, disfrutaba de su nuevo rol. No pararía hasta alcanzar la cumbre…Jack ya sabía que a fin de año pasaría a ser socio de la Empresa, era la nueva estrella del Establisment, casi como el Ricky Mártin de los negocios. Sólo le quedaba una asignatura pendiente, convencer al padre para que viniera, para que todos vinieran, quería traer a toda la familia, para no tener que volver nunca más, no pensaba cruzar otra vez el Río Grande!!!…Ya lo consideraban un par! se lo había ganado a puro talento, se había ganado el respeto de todos. Muchos lo envidiaban, era el precio que estaba dispuesto a pagar por el poder, la lista de enemigos se engrosaba día a día…Sólo restaba la guinda en el postre que indefectiblemente llegaría para Navidad “éstos Yanquis sí que se la saben todas, hacen coincidir las fechas para ahorrarse un festejo, había que aprender de ellos, cuanto más se tiene, más se cuida…” El primer socio latino de la Consultora; ya veía los titulares del Financial Times. Estaba impaciente, controló nuevamente la hora: 8.33 am. Amaba cada minuto que pasaba en las entrañas de la ciudad, le gustaba escucharla respirar, vibrar con los sonidos de cada esquina, con la renovada bendición de las mañanas, se llenaba los pulmones con el saludable smog trotando por el parque que recién despertaba…Había recorrido cada rincón, la había pateado como nadie…ni los tacheros la conocían como él. Tolerancia cero!!! A la familia la habían asaltado tres veces en los últimos meses, tenía la esperanza que al menos sirviera para convencer al padre para que abandonara el barrio…Ahí ya no pasaba “Giuliani para todo el mundo!!! otra que Grosso o quien quiera que esté ahora!!!” Miró nuevamente la bahía, nunca se cansaba, era un día hermoso “no hay nada mejor en el mundo” saboreaba el poder, lo amaba, amaba lo que el poder brinda, lo que regala, gozaba con la sumisión, se divertía con las adulaciones de los alcahuetes, en todos lados hay alcahuetes; pero por encima de todo adoraba la impunidad para hacer lo que se le cantara…”éso no tiene precio” Se sentía seguro, protegido, así valía la pena gozar de la vida, hasta se permitió ilusionarse con el amor, con Mary, pero sabía que se mentía…Nada era como allá, pobres viejos, sólo tenía que convencer al padre…Viejo cabezadura!!! no quería dejar a Nueva Chicago, para colmo había subido a primera después de millones de años…El no se acordaba pero el padre le había inculcado el amor por la camiseta verde y negra, era lo único, muy a su pesar, que todavía lo unía con La Argentina, tenía que cortar con todo, cuando estuviera el viejo podría lograrlo; probó con el beisbol, con el basquet, con el fútbol americano, pero no había caso, la pasión por el club no se podía suplantar, era como intentar arrancarse un tatuaje, como el que tenía sobre el corazón, chiquito, a rayas: te llevo en el alma. El último Domingo por la tarde se fue al Central Park con la notebook a cuestas, se acostó al sol y escuchó el partido por internet, lloró como un chico con cada gol, cuando el 2 a 1 contra River ya era inamovible, gritó como un demente, no lo podía creer!!! se avergonzó por la emoción, no era profesional…Nadie lo miraba. Tenía que convencer al viejo…
-Buenosss díasss Cuann- Mary atravesó el inmenso despacho hasta quedar a unos metros. Usualmente se habría molestado, le tenía prohibido a sus colaboradores hablar en español. Si hasta había pensado seriamente en cambiarse el nombre: “Juan García”, siempre se hacía el mismo chiste boludo…Smith, Bogart, Flynn; John Wallace era el que más le gustaba, algún día lo haría, sólo lo impedía el dolor que le causaría al viejo…Quiso disculparse, sintió una sensación incómoda, como un flash, pidió que lo comunicaran con Buenos Aires, el padre no estaba en casa…sintió la necesidad de recordarle que lo quería pero no se lo diría, sólo le hablaría de Chicago, del primer gol…quería escuchar su voz…decidió con fastidio llamar desde el avión. Mary sintió que era el momento de claudicar. Para Juan González, voltearse a Mary se había convertido en una obsesión; si quería llegar a la cima no tenía que dejar heridos en el camino, sin piedad “Conmigo o contra mío” fantaseó omnipotente. Por fín Mary había comprendido…
-Buenosss díasss Cuann- Mary repitió el saludo cocoliche, él no se dió vuelta, sintió su aroma envolvente acariciandole la nuca, tenía puesto el Armani nuevo, estreno para el viaje. Ella le quitó el saco, besándole el cuello le aflojó la corbata…El, que se excitaba en el cine del barrio con la heroína siempre rubia de Hollywood, se estaba por bajar a la hembra más deslumbrante de la City…Con violencia de macho latino la hizo girar hasta apretarla contra el vidrio del courtain-wall; por detrás el mundo lo admiraba, era como cogerse a la estatua de la Libertad, sonrió pensando sin originalidad: “el cielo es el límite!!!” De parado como lo había imaginado mil veces, la penetró con furia contra la inmensidad del vacío al borde del piso 80°; los últimos días del verano le habían regalado un mañana deslumbrante, sin nubes, maravillosa…Todavía no había acabado cuando lo vió: “que carajo está haciendo éste boludo…como vuela tan bajo!” Viró de golpe, no estaba a más de quinientos metros, quedó paralizado, sin reacción, Mary jadeaba ajena a todo…El boing de American Airlines ya estaba encima, vió claramente al piloto, sin uniforme…pensó en Chicago, en los viejos, en el barrio, la pelota, la primera novia, la bici, los bailes de los sábados por la tarde, en los pibes…Una mueca sonriente de odio atravesó la pared de vidrio como si fuera de manteca…
En el último instante John Wallace entendió que el sueño americano no era para él…
Nueva York, 11 de Setiembre de 2001, 8.48 hs.