Los hijos de Marechal (I)
-Venì, venì, tenemos que hablar…-
Hacia fines de Marzo de 2000 lo llamè, querìa saber como estaba, aceptò la invitaciòn, notè cierta zozobra que la cena no atinò a disipar…Despuès 7 años de silencio hasta Marzo del 2007. Recuerdo que la matemàtica le provocaba cierto rechazo, un gran rechazo; precisamente por èso, su nueva obsesiòn con los nùmeros, especialmente con los primos, con las secuencias periòdicas de los nùmeros, pero por sobre todo con la simbologìa de los nùmeros, me sorprendiò enormemente. En èso “soy pitagòrico”, mencionò sin forzar demasiado el novel argumento. Luego descubrì que èsa obsesiòn, a la cual yo juzgaba como un tardìo razgo pintorezco de su personalidad, no era un mero juego.
Pese al tiempo transcurrido, aquella zozobra inicial del 2000, se habìa incrementado exponencialmente. Me arrastrò hasta una de las mesitas; intentè resistir, por el frìo; no me escuchò. Estaba demasiado alterado; como si nada los siete años de desencuentro se desvanecieron en segundos. Sentì que una necesidad irrefrenable lo hacìa hablar, exponerse sin tamices…Sòlo atinè a escucharlo.
-Lisandro Farìas-
Sin respuesta, mirè perplejo, y por primera vez con detenimiento, un semblante oscurecido, no sòlo por las nubes del mediodia invernal y melancòlico de Buenos Aires…Por supuesto, empezò a garuar. Permanecimos en la mesita.
-Pero como?…no lo ubicas?…El Legado, el Mensaje, la Trama…hacè memoria…Confieso que al principio, me pasò lo mismo, pero che…parece mentira…-
Su excitaciòn me ponìa nervioso, continuò…Expuso, con total minusiosidad y convencimiento una estrambòtica “Teorìa de la Vìspera Perpetua” que no sin trabajo pude asociar luego con Leopoldo Marechal. Pedì al mozo, una Legui; “añeja”, agreguè impostando la voz seducido por el ambiente…Ya envuelto sin remedio en una soporìfera embriaguez dialèctica que inocentemente contribuì a incrementar, el Director (asì lo identificarè de ahora en màs), terminò por relatar su experiencia fronteriza con el mismìsimo Lisandro Farìas, hijo dilecto del gran Leopoldo.
La tènue llovizna lavaba dificultosamente el impersonal plàstico a franjas rojas y blancas de la somrilla que nos cubrìa. El “Coca Cola” grabado en los bordes resistìa estoicamente los embates de un Gardel ronco cantando desde la triste fonola de un sombrìo anticuario.
Yokrlos tambièn soy Abel. No agregarè màs; solo me remito a las pocas menciones que el Director hace sobre mì en el relato original. Un relato que, a la manera de las muñecas rusas, las cajas chinas o la càscara de la cebolla, envuelve acontecimientos precedentes?. Me permito agregar la anteùltima capa.
Me rogò que nos encontràramos al dìa siguiente; yo no podìa; me hizo prometerle que el Martes lo harìamos. Durante 5 jornadas agotadoras y reveladoras por igual, nos vimos, siempre en la misma mesa, siempre en la misma plaza. Hablò sin parar; con creciente perplejidad, intentè asimilar la relaciòn de los hechos expuestos en detalle por el Director; insisiò tenazmente con el Mensaje, con la imperiosa necesidad de su transmisiòn. Intentaba, como Lisandro hiciera con èl, transfundirme, gota a gota, la misma esencia de su Ser, que ya, a èsas alturas me parecìa como inescindible de aquel.
Finalmente, al sèptimo dìa, descansò. Supe que serìa el ùltimo, casi no hablò, la misma llovizna humedecìa la misma mañana de otro Domingo. Aturdido por una responsabilidad que, claramente, lo agobiaba, me entregò (le quemaba en las manos!!!), sospechosamente aliviado, la totalidad del material colectado a Lisandro, segùn sus dichos, durante los 3 primeros meses del nuevo siglo.
Me tomò otros 3 meses asimilar la carga que el Director, irresponsablemente, me trapasò. El rol que asumo se agota en la menospreciada, pero imprescindible faena del intermediario. Me tomè la libertad de agregar (como aquì y en otros 7 capìtulos del Libro de Lisandro que el mismo por alguna causa habìa omitido) ciertas citas al inicio de cada uno de èsos capìtulos de “Los Hijos de Marechal”, tìtulo, sin dudas, surgido de la imaginaciòn del Director ; el resto, la urdimbre de la Trama, la dilucidaciòn de la naturaleza misma del Mensaje y la exhumaciòn contranatura de la vetusta Filosofìa Atomista de Demòcrito de Abdera pergueñada en los albores del pensamiento especulativo, queda a vuestro exclusivo arbitrio, despuès de todo nadie pretende la dudosa exactitud de una nota periodìstica. Tambièn (audacia de comedido dirìa mi abuelita…o resabio de tristes años de docencia mal llevados insistirìa, condescendiente, mi ex pareja…) me permito agregar algunas Notas a Pie de Pàgina, simplemente porque me gustan y, creo, ayudaràn a entender mejor el clima de època.
Sòlo a Laura le mostrè parte de los textos con antelaciòn; lo suficiente como para conocer su opiniòn sin involucrarla del todo en la locura del Director que yo sentìa me habìa contagiado sin remedio…
-Una prolongada indagaciòn acerca de la naturaleza del amor-
Fue toda su respuesta. Era un costado que la impaciencia me habìa ocultado maliciosamente. “Que es el amor, mi amor?”
Blogòsferos!!!, escuchadme…Me inclino ante ustedes con la sumisiòn del monje recoleto en busca de la sabia penitencia que el Abad impone misericordioso…Apesadumbrado confieso que he pecado, la soberbia pudo màs. No fui capaz de evaluar el peso real de la mochila que el Director colgò de mis hombros; ahora siento su agobio como antes Lisandro lo hizo con èl. Temo haber claudicado ante la impiadosa voràgine literaria encarnada por Farìas; sepan ustedes entender que sòlo me mueve un afàn exclusivamente terapèutico, defiendo mi salud mental!!! He llegado a la conclusiòn (ùnica que vislumbro) que sòlo podrè liberarme del influjo que me atromenta, si disemino su historia por el cyberespacio…No nos podrà contagiar a todos!!!, comprendan, sè que no suena muy altruìsta, pero, para ser sincero, nunca lo fuì. Por ùltimo me duele manifestar que acceder graciosamente a los pòstumos requerimientos de Lisandro (no es una infidencia, al fìn y al cabo, todos moriremos en algùn momento…), puede desembocar en una tragedia mayor de consecuencias inimaginables (contagiado de Lisandro, no temo al lugar comùn) Si pueden resistan; si no se atreven y el canto de las sirenas taladra vuestras voluntades, los estarè esperando periòdicamente para relatarles la “Verdadera Historia de Lisandro Farìas”, tal como èl se la contò al Director, tal como yo la recibì de èl.
Enero 20, 2008 a 6:10 pm
[...] (1) Este relato forma parte de la Trama Paralela de “Los Hijos de Marechal” [...]